Un árbol forma parte de la naturaleza y esta tiene su propia conciencia. Tanto es así que en muchas culturas, a lo largo de la historia, se la llamó Madre Tierra; en esencia significa la dadora, la que nutre, la que da protección.
Antes de que llegase el dios patriarcal solo existía una única diosa: la tierra, con sus bosques, sus montañas y ríos. Los pájaros eran las notas musicales sobre el cielo. Era una más de las maneras en cómo los nativos conectaban con el mensaje divino. Hasta cierto punto aquello se perdió.

Sin embargo, estas y otras ideas se expanden hoy gracias a la influencia, sobre todo, de culturas que jamás la abandonaron, que jamás perdieron la creencia de que lo mismo que había un Padre o Gran Espíritu creador, también coexistía en perfecta armonía una madre.
Una de las cosas más hermosas que se enseñan en los campamentos ArtedeAmarte es el respeto y amor a la naturaleza. Ese respeto necesariamente emana de la consideración que le debemos, dado que el deterioro es innegable en todos los órdenes del reino animal, vegetal y mineral. Pero también nace en perfecta sintonía con el respeto que tengas por ti mismo. ¿Cómo podrías abrazar un árbol si no te amas, si no reverencias la parte de naturaleza que tú ya eres?

Los árboles, cuando tienen varias décadas y son independientes desarrollan una extraordinaria interconexión entre ellos. Poseen una conciencia de totalidad que tú perdiste. Acercarse hasta un árbol para percibir esta conciencia exige que al menos tú tengas un mínimo de ella.
Hay árboles centenarios que conectan con las energías de la Luna, con las corrientes telúricas de la Tierra y hasta con la conciencia del planeta. Si tú alcanzaras esta frecuencia descubrirías cómo trabajan en grupo, pero no solo entre sí, sino con montañas específicas, ríos, planetas. Ello sucede particularmente en los solsticios y equinoccios, y también durante las lunas llenas y nuevas. Y por si no lo sabes, la noche tiene más actividad de lo que imaginas para la naturaleza.

Hoy en día retorna a modo de eco o reminiscencia esta conciencia necesaria para salvar el planeta. ¿Qué puede aportarte la naturaleza en estas condiciones? ¿Qué puede regalarte un árbol a la luz de lo que te cuento? La consciencia compartida de que tú eres parte de un orden superior, de que tú eres una excelsa nota en la orquesta, no una historia separada de la Realidad.
Si pides permiso a un árbol venerable en mitad de un bosque y a través del sentir te abre la puerta, debes acercarte con reverencia, sintiéndolo como hermano. Abre tus brazos y entrégate a compartir el mayor néctar de abundancia que puedas imaginar. Me refiero a la abundancia de que en ese momento lo tienes todo y nada tienes, que eres tú mismo en comunión con ese Orden y contigo mismo.

Alguna vez ha sucedido que la persona o el grupo no ha recibido el permiso del árbol… a través del sentir. “No siento nada”, “a mí no me llega nada”, se suele expresar de manera compartida por la mayoría. Respétalo, como nosotros lo hacemos cuando un amigo a veces desea intimidad; aléjate de él, de su entorno y del bosque si fuera preciso. Aprende a escuchar. Entra, por el contrario, en el respeto por lo sagrado.
Por el contrario , si un árbol te transmite a través de todo tu ser que te acerques, incluso posees la certeza de que te estaba esperando, entonces fluye… avanza. Abrázalo, siéntate al lado de su base. Muchos grandes hombres de la humanidad encontraron la iluminación bajo un árbol. Uno de ellos, Buda. Quién sabe si no encontraron el código no hablado, sino visual, emocional y espiritual para encontrar la sabiduría que emana de ellos. Quién sabe si ese árbol no fue la antena que los conectaba al cosmos de la iluminación. Los lugares sagrados de la naturaleza son las antenas a través de las cuales puedes sentir al Padre Creador y a la Madre Tierra. En ellos sabes perfectamente quién eres tú.

Para terminar, tú también puedes ser una nota en el cielo, como lo son los pájaros que veían los antiguos cuando miraban hacia arriba con el fin de desvelar caminos potenciales. Tú también puedes escuchar la música que resuena en los campos, en los bosques, sobre ese colosal instrumento musical que es la naturaleza. Hazla sonar con tu presencia, camina a través de ella y siente cuándo, cómo y dónde sentir. El regalo es que el pajarilllo, tú, descanse en una de las ramas del árbol y sienta la magnificencia de la vida.

Quién sabe, la próxima vez estoy seguro que apagarás el móvil o el celular cuando penetres en sus misterios. Entonces verás que esa sí que es una verdadera Comunicación, una que te hará más grande.

¿Crees que hay tantas diferencias entre un árbol y tú? Te aseguro que no.

Josemaría Garzón
artedeamarte.net