Es bastante normal usar la palabra burbuja en Campamentos ArtedeAmarte. La enseñamos desde el primer día. De hecho, al cabo de varias jornadas siempre acaba por acuñarse el verbo burbujear, algo así como hacer burbujas, es obvio, pero, en nuestro caso, sería la relación cerrada y exclusiva que se establece entre personas con características semejantes. ¿Cerrada? Sí, porque esas personas no se abren a otros grupos diferentes. ¿Exclusiva? Sí, porque genera una identidad distorsionada y retroalimentada.
Los chicos se vuelven expertos en detectar burbujas. Casi siempre aparece alguien del grupo expresando de manera algo burlona: “Hey, esos están burbujeando”. Viene a significar que no se están abriendo al grupo.
Te cito aquí algunos de los casos más típicos y que podrás reconocer en tu entorno. Hay burbujas, pues, cuando se relacionan…:
1. … los de la misma edad.
2. … los del mismo género.
3. … los de la misma edad y el mismo género.
4. … los de la misma tendencia sexual.
5. … por parentesco.
6. … por intereses: aficiones, juegos, trabajo o seguidores de algo o alguien.
7. … las parejas de enamorados. Esta burbuja es indestructible.
8. … los que no se relacionan con nadie. Esta sería la burbuja opaca junto con la 11.
9. … por afinidades energéticas: comparten experiencias similares… y lo ignoran, por ejemplo: tímidos, chicos que han sufrido pérdidas o desenlaces negativos…
10. … para influir sobre otras personas de manera positiva (esta comienza a formarse pasado el ecuador del campamento. En la vida se corresponde con las organizaciones con fines de servicio).
11. … para influir sobre otras personas de manera negativa. En la vida se corresponde con el poder sin conciencia de servicio: son los trasgresores de las normas con fines egoístas o dependientes).

Burbujas que van en contra de lo justo:
a. Chica que quiere fumar (dos casos en diez años).
b. Chico que quiere esconder el móvil (dos casos en diez años).
c. Chico que trata bien a los jefes para caer bien y, por el contrario, grita a las monitoras (inicio temprano de violencia. Un caso de expulsión en diez años).

Se me ocurre alguna más, pero eso lo dejo para algún sociólogo. Además, quiero que cada post no posea más de mil palabras y este las va a sobrepasar. Seguro.
Cuando llegan los chicos al campamento por primera vez, lo primero que se les advierte desde el instante de la presentación -y se les demuestra- es que se evitarán todo tipo de burbujas. Hay poco tiempo -solo diez días- y deben entrar en con-vivencia (vivencia compartida) cuanto antes. Se les dice cómo, ya en el círculo formado por todos los participantes del campamento, unas treinta y ocho personas, sin contar los padres, se han formado burbujas. Nadie los ha colocado, sino que es un proceso espontáneo, el de buscar afinidades. Por ejemplo: Los padres se han repartido a lo largo del nivel superior del patio de entrada del albergue y la baranda contigua que da al callejón. Forman el grupo más visible de homogeneización al que podemos llamar padres y familiares. Continuando con las simetrías, el equipo organizador, también compuesto por adultos, se encuentra frente a ellos, formando un arco dentro del gran círculo de chicos. Es aquí donde el director comienza su presentación. Los chicos que vienen solos se han sentado con los chicos; las chicas con las chicas. Dentro de estos dos últimos grupos es más que probable que los de la misma edad procuren sentarse juntos. Y así se podría seguir hasta entrar en el apasionante mundo de las atracciones energéticas. Pero esto se contará en otro post.

¿Cómo evitamos las burbujas? ¿Por qué hay que romperlas? La experiencia de los campamentos dice que una burbuja cortocircuita la comunicación con el resto del grupo. ¿Qué pasa con esa chica adoptada que ha llegado sola y es de raza negra? Sencillamente, que sus posibilidades de encontrar una burbuja son inferiores dado que la mayoría son de raza blanca. ¿Y el chico que viene vestido totalmente de negro con el flequillo cubriéndole los ojos? Es decir, el gótico. Él se marginará y los demás no le abrirán las puertas. Nadie tiene la culpa de nada. Solo son resortes sociales de protección y autodefensa que vienen a decir algo así como “los de mi manada tienen que parecerse a mí”. Ellos se sienten al margen, por la mera apariencia, y los demás los rechazan por lo mismo; en parte el miedo a lo desconocido acentúa las diferencias.
Además, si las burbujas no se rompen, aparece una comunicación que no es de tú a tú, sino de nosotros a vosotros. Esto marca una mayor separación porque consiste en acentuar las diferencias entre unas y otras a través de señalamientos individuales que representan el prototipo de cada burbuja: que si vosotras las chicas sois…, que si vosotros los freakes sois…, que si vosotros los africanos sois…, que si vosotros los pijos sois… Voy a tener que llamar al sociólogo para que ponga orden aquí.

Nadie repara en esta dinámica, ni siquiera los adultos porque ellos practican lo mismo. Básicamente se da por hecho que las cosas siempre fueron y serán así.
La única herramienta que se establece en otros lugares para que las burbujas no entren en conflicto es distraer a los chicos con un sinfín de actividades agotadoras. He llegado a saber que más de un chico vomita por la noche debido a la agitación y el agotamiento de las actividades diurnas. Es como si la consigna fuese que hay que agotarlos para que no entren en conflicto o se duerman pronto. En la escuela se les focaliza con otras actividades, pero como estas resultan de lo más aburridas porque carecen de significado real para ellos, entonces es más difícil poner orden.
Por otra parte, alguien podría argumentar que estamos aplicando la máxima romana “Divide y vencerás”. Quizá. No lo había pensado. Pero reflexionando sobre los cambios tan positivos que llegamos a conseguir, podría expresar que este es, más bien, un claro ejemplo de otra máxima: el amor sí justifica cualquier medio.

Uno de los enfoques primordiales de Campamentos ArtedeAmarte es el de “conocer al otro para enriquecerte tú”. ¿Cómo salvamos el primer obstáculo, es decir, el de la formación de burbujas? ¿Cómo rompemos las burbujas y permitimos una comunicación en todas direcciones, incluso con uno mismo?
Tenemos un arma infalible para ti, para que no caigas en las garras destructivas de una burbuja. Y este arma se llama… “Las Tarjetas”. Siento que el nombre no sea más sofisticado. Desde el principio los chicos la han nombrado de esa manera, año tras año. Muchas veces gasto la broma de que el hecho de que haya tantos repetidores es porque, en realidad, vienen buscando qué tarjeta les toca este año, con su “afirmación”, por un lado, y su explicación, por el otro.
Aunque no es la única herramienta que se usa para romper burbujas, es verdad que es muy poderosa. ¿Cómo funciona el proceso de asignación de tarjetas a cada chico? Y, sobre todo, ¿cuáles son los efectos que produce en tan solo dos días? Bueno, esta parte la dejaremos para el siguiente artículo -o post, que queda más guay-.

 

Josemaría Garzón

artedeamarte.net

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