Ni siquiera la kryptonita, el arma capaz de tumbar a Supermán, podría explotar una burbuja en los campamentos. De verdad. Tuvimos que pedir ayuda a la Confederación Intergaláctica para encontrar un remedio. Fue así cuando llegó un mensaje claro sobre una poderosa arma a la que dieron el nombre de “Las tarjetas”.
Suena así de tonto, pero, es cierto. Fue necesario pensar seriamente en un remedio que yo calificaría de pedagogía de lo sagrado al ver el efecto tan negativo que provocaban las burbujas durante los primeros años. Eso también me recordaba mis años de maestro, en la empresa y en la cultura.
¿El resultado? Demoledor… para la kriptonita, claro. Decía en el anterior post -también dije que el nombre en castellano es artículo- que Las Tarjetas son una de las herramientas más poderosas con las que contamos para favorecer la comunicación o romper las burbujas que colapsan la relación integral y holística que procuramos en los campamentos ArtedeAmarte.
No me explayaré en describirlas, pero sí explicaré cómo funcionan. Usamos varios tipos de barajas, y se elige una sola según sienta el director al principio de cada campamento. Me ha dicho que pone las manos sobre una caja y pide a lo más profundo de sí mismo que le oriente en cuáles son las idóneas para cada grupo o para cada verano -broma-. Lo importante es la intención con la cual se eligen. En este caso siempre es la misma: desarrollar todos los niveles de comunicación posibles, desde los externos hasta los profundos. Aunque Las Tarjetas tienen varias funciones de enorme valor holístico, hoy solo te contaré su función a la hora de evitar burbujas.

Antes que nada, quisiera aclararte algo. Podrías preguntarme lo siguiente. Oye, ¿entonces nunca voy a estar con la gente que a mí me apetezca? Pues sí. La verdad es que hay momentos a lo largo del día donde se permiten formar burbujas. De hecho, el coordinador o algunos de los monitores algunas veces expresará algo así como “chicos, se pueden hacer burbujas”. Ocurre en los descansos entre talleres, previos a la comida y a la cena, durante la merienda, además de los días que toca visitar el mirador de La Era, o bien, disfrutar algunas de las noches frescas en la plaza empedrada del pueblo. Lo que pasa es que el efecto ya ha sido tan destructivo que a la mayoría ni siquiera les da por buscar a sus afines. O bien aparecen burbujas mayores, con mayor integración de personas.
Pero, vayamos de una vez al quid de la cuestión. ¿Cómo es el proceso? A medida que cada chico se va presentando la tarde del primer día, se le ofrece que elija una tarjeta de una baraja, en presencia de todo el grupo, incluidos los padres y familiares que aparecen como testigos. La tarjeta tiene una frase, por un lado, siempre con una pintura en el fondo de la misma y detrás aparece una leyenda aclaratoria.
Se explica que se les retirará la tarjeta nada más que termine la presentación, el momento en el que se marcharán los padres. Para ese instante, uno a uno, se habrá llamado, habrá elegido una tarjeta, la habrá leído en voz alta, se habrá presentado con su nombre, lugar de residencia, si es la primera vez que viene, la tercera o la quinta, cuáles son sus aficiones y si viene con algún hermano o hermana. También habremos constatado que no falta ningún documento de interés, como la tarjeta sanitaria, una fotografía y un par de números de teléfono de familiares, por si acaso.
Digamos que una hora después, con las tarjetas retiradas y memorizadas por cada chico, el coordinador las habrá barajado concienzudamente, siempre con intención. Esto lo hace en el comedor. A continuación, deposita cada una sobre sendos platos -aún vacíos de sopa, claro-. Cuando uno a uno bajan de las habitaciones para cenar por primera vez, de manera silenciosa -o distendida, en el caso de los que se conocen de años anteriores-, deberá buscar su tarjeta inexcusablemente, la que eligió durante la presentación.
Esto te obliga a que cada día te sientes con personas diferentes hasta en tres ocasiones: desayuno, comida y cena. Y esto exige, también, relacionarte en la variedad. Ayuda a compartir las diferencias, a enriquecerse de ellas, a aprender desde tu individualidad, a no buscar refugio en las semejanzas, por miedo o por seguridad.

Te preguntarás días después lo siguiente: ¿Por qué he repetido mi puesto varias veces en el lugar de mayor responsabilidad, en la cabecera de algunas de las mesas del comedor? O por qué estoy con un chico cuatro años menor que yo, a mi derecha, en frente o a la izquierda. O por qué jamás me toca la chica que me gusta. O por qué estoy con el más pesado de todo el campamento, y van cuatro veces. Esto, sin dudarlo, abre muchos, muchos, horizontes en cada persona. Digamos que…, horizontes internos; aquí, los reales.
El segundo ejemplo de cómo evitar burbujas lo aplicamos en el salón donde se organizan los talleres. Pero en esta ocasión se aplica una sola vez para todo el campamento, porque aquí el trabajo es más dilatado en el tiempo. La primera mañana de talleres entrarás en la sala y, de nuevo, buscarás la carta que te identifica. Ese será tu lugar. ¿El propósito para este caso? De nuevo, descubrirte a ti mismo. ¿Cómo? A través de lo que dicen las posiciones de determinados chicos que están en el círculo y que forman lo que llamamos geometría sagrada humana. Es algo realmente prodigioso. Este es un asunto que necesita de otro momento, pero una verdad nueva se revela ante tus ojos. Es un fogonazo tan revelador como mágico.
El resultado de esta pedagogía es que con Las Tarjetas aprendes a modular tu comportamiento, a prestar atención a qué te estará diciendo el nuevo compañero de taller, de comedor… Es un hito en las respuestas relacionales que se están aplicando en muchos colegios. Y lo empezaron a aplicar voluntarios cuya profesión guardaba relación con la educación. En mi caso particular, soy consciente de las burbujas desde hace muchas décadas y aplico su disolución incluso en talleres y conferencias con adultos.

Razón no les falta a muchos cuando en las opiniones definen de muchas maneras los campamentos, pero, sobre todo, hay una repetida: “Somos como una familia”.

 

Josemaría Garzón

artedeamarte.net