Por si no quiere leer el post completo, la noticia escueta es la siguiente: sí seguiremos evaluando a los chicos tras cada campamento, aunque se respetará la intimidad de cada uno. Esto se debe a la petición de varios familiares que han expresado su deseo de seguir recibiendo información, como ha venido sucediendo desde hace varios años.

Hemos pasado por varias fases a la hora de valorar a los campistas. La breve historia es la siguiente:
La primera fase fue aquella en la que el director y el coordinador durante los primeros años hablaban con los padres la noche de la fiesta de despedida para transmitir a modo de evaluación subjetiva, claro, sus impresiones. Esto era sumamente estresante porque en poco menos de cuatro horas había que atender a cerca de treinta padres. Muchos se quedaban con las ganas de saber algo por falta de tiempo.
La segunda fase consistió en que el director daba una charla en la sala de talleres al grupo de familiares y advertía que no tendría “una tutoría” con cada madre o padre. En ella ofrecía unas pinceladas sobre los hechos positivos que habían sucedido, algunas dificultades surgidas y consejos para encauzar mejor los problemas. Es verdad que durante este período apartaba a uno o dos padres para hablar de la complejidad y dificultad de sus hijos. Pero esta era la excepción.
La tercera fase fue la de no hablar con nadie esa noche, a cambio de compartir bellos momentos en la plaza del pueblo, en la taberna, hasta la una de la madrugada por lo menos. El mensaje es que todos recibirían un mensaje vía mail con un breve escrito sobre lo que habían visto u observado en su hijo, hija. En este caso, siempre hubo una consigna que venía a expresar de manera resumida que, si el comentario recibido era corto, todo había ido bien o muy bien; que, si el comentario era extenso, entonces habían aparecido problemas que se detallaban en el mismo, así como la enumeración de consejos educativos para subsanarlos.

Estos dos últimos años nos hemos encontramos con un conflicto. Resulta que el primer día de talleres establecemos por norma tres pactos en el grupo. Estos son los pactos de libertad, aceptación y confidencialidad. Pues bien, la pregunta es la siguiente: ¿cómo era posible que se transmitiera a los padres cualquier información si con ella rompíamos el pacto de confidencialidad? El resultado fue que hubo chicos que antaño se mostraban más abiertos, y, de repente se mostraron más cerrados a participar en los talleres más profundos, a compartir sus problemas, sus dudas, a enfrentarlas. O sea, se aferraron al pacto de libertad. Esto sucedió, sobre todo en los campamentos del Nivel 2, con chicos que ya habían venido. Sólo fueron tres casos, pero nos pusieron en alerta. No queríamos que se enquistara un problema relacionado con la libertad para expresarse.
Así pues, para el próximo año hemos decidido afinar en relación al pacto de confidencialidad para chicos, por un lado, y para padres, por otro. A los chicos se les contará a partir de ahora que trazaremos una valoración en función de la conducta y actitudes mostradas en el campamento, es decir, conducta en literas, en comedor, en talleres, nivel de colaboración, creatividad, cómo se ha enfrentado a las dificultades internas y externas, aceptación de las normas generales, apertura. Pero nunca transmitiremos algo relacionado con aspectos íntimos, personales, durante los talleres… salvo que esa intimidad expresada represente una amenaza seria para la integridad física del chico.
En resumen, el equipo de adultos que llevamos los campamentos seguiremos enviando un extracto de lo recibido. Este lo llevamos a cabo durante la última noche, con grabadora en mano y con el equipo de adultos sentado en círculo. Un monitor, con la carpeta de las inscripciones en mano, lee el nombre y apellidos de cada campista. En ese momento, cada miembro con un turno de palabra inexcusablemente circular expresa su opinión sobre esa persona. Queda prohibido el debate. Cada opinión habla de un área y un lugar específico. La monitora habla como monitora, de su visión en las literas, los juegos, del aseo, del respeto en ese espacio; el coordinador ofrece una opinión sobre la interacción y actitudes; el director habla de sus charlas en privado con los chicos y chicas; también de lo que ha observado a lo largo de los diez días. Así hasta completar las cinco personas que forman el grupo de adultos. A veces vienen a unirse otros adultos del campamento, como talleristas o exalumnos que han participado puntualmente, pero esto es excepcional.

En definitiva, al comenzar cada campamento, comenzaremos con los pactos. Pero en esta ocasión se aclarará con precisión los nuevos límites del pacto de confidencialidad. Y que repetimos una vez más:
A los chicos se les contará a partir de ahora que trazaremos una valoración en función de la conducta y actitudes mostradas en el campamento, es decir, conducta en literas, en comedor, en talleres, nivel de colaboración, creatividad, cómo se ha enfrentado a las dificultades internas y externas, aceptación de las normas generales, apertura. Pero nunca transmitiremos algo relacionado con aspectos íntimos, personales, durante los talleres… salvo que esa intimidad expresada represente una amenaza seria para la integridad física del chico.

 

Josemaría Garzón

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