Empezemos por analizar el título de este post. Tal vez, no sin razón, podrías relacionarlo con una arenga deportiva pero no, va mucho más allá.
Seguro que reconoces en tu vida la energía del trabajo cooperativo. Mucho se ha hablado de ella y seguramente habrás practicado y disfrutado de la alegría de participar en acciones donde el objetivo es sentirse parte de un grupo a la búsqueda de una respuesta colectiva que satisficiese a todos.
Probablemente relacionarás esta energía doble con diferentes autores desde diferentes visiones del mundo. Yo quiero presentarte a uno de ellos, muy inspirador para mí, ya fallecido: Stephen Covey. Desde estas palabras mi profundo agradecimiento para quien fue unos de los inspiradores de mi “triple salto” mágico y del que te hablaré a continuación:
Ganar yo – ganar el grupo – ganar la Tierra.
Entiendes y compartimos que ganar uno es vital pues, más allá del egoísmo del que no ve más lejos de sus narices, todo camino empieza por la entrega a nuestra propia esencia, dejando a un lado las opiniones de los demás y la “carga” de no ser comprendido. Esa es la base, tu base, nuestra base.
Desde ella puedes mirar a los otros con libertad y, desde tu propio amor, puedes iniciarte en el camino del amor al otro aprendiendo a “ganar” con él sabiendo que dos o más esencias destilan más luz que una sola, que la visión se amplía y llegamos mucho más lejos.
También ganas cuando cumples con tu papel de ser un servidor de algo más grande que tú y “solo” dejas tu semilla, permitiéndote, con todo respeto, decir lo adecuado para quien no lo ve. También ahí ganas y ganamos todos, aunque no veas el resultado. Ello permite que sea la VIDA, en su versión expandida, la que se encargue del recorrido del ganar – ganar.
Ahora te preguntarás:

“¡Vale! Pero…, ¿y el tercer ganar?”

Éste, querid@ amig@ tiene que ver con el ESCENARIO donde experimentamos la vida:

LA TIERRA

La madre, tu madre, nuestra madre la Tierra, suele pasar desapercibida aunque respires su aire, seas parte de su agua, pises su suelo, te alimentes de sus frutos, tu cuerpo forme parte del suyo y te calientes y vivas a través de su digestión del padre Sol.
Esa madre siempre recibe, acoge y, muchas veces sufre tu ganar y el mío cuando no ponemos consciencia en nuestras acciones.
Aún en el caso de que vivas en armonía con tus sueños y en conexión con los colectivos, falta este ganar para cerrar el círculo.
TODO LO QUE HACEMOS SIEMPRE ESTÁ RELACIONADO CON LA PRESENCIA DE LA MADRE.
Siempre está ahí: antes, durante y después de la tarea individual o colectiva que te hayas – hayamos propuesto.
Y, sin embargo, ¿cuántas veces la tenemos conscientemente en cuenta?
Ganar-Ganar-Ganar te propone que PERMANENTEMENTE, y en todo lo que hagas, la tengas presente, sientas como ella se beneficia con todo lo que propones e inicias. Al final del recorrido, ella, además, se lleva también tu veneración y la sensación de que brilla más y te sonríe.
Tal vez pienses que ella, por su inmensa fuerza, no lo necesita, pero tu agradecimiento le hace recordar que eres su hijo bienamado del que se siente orgullosa.
Y un hijo, en esa circunstancia, brilla y sonríe mucho más poderosamente.

¡GANA ,GANA ,GANA! Recuérdalo.

Y como colofón, te propongo un ejemplo sencillo y real de actuación (ya puesto en práctica). Lo especifico lo más posible para que percibas todas sus partes pero puede, debe ser algo sencillo y, sobre todo, muy sentido.

* Imagina un grupo de personas que se proponen “limpiar” una zona de bosque olvidada para realizar allí actividades de enriquecimiento personal.
* Imagina llegar al lugar, a su “puerta”, y pedirle, con atención, respeto y permiso entrar en él.
* Imagina un trabajo colectivo, de qué actividades podrías realizar en ese lugar… y llegar a acuerdos.
* Imagina como todos y cada uno se entregan a su tarea: retirar maleza, rastrillar, cortar ramas y raíces secas, retirar o recolocar piedras, observar y percibir como se sienten los árboles del lugar…
* Imagina a todos como un único ente creativo.
* Imagina sentir lo que se “remueve” dentro de cada uno, sea retirando maleza, arrancando raíces viejas, moviendo piedras… Seguramente puedas encontrar alguna correlación con tu situación actual y actúes internamente.
* Imagina, al rematar la tarea, la satisfacción de todos y cada uno.
* Imagina el cambio de percepción de ese lugar tras nuestra acción consciente con ella.
* Tal vez, incluso, una meditación en ese espacio, la creación de un mandala colectivo con objetos de la naturaleza, una danza, una sesión de abrazos…
* Imagina, finalmente, que te marchas de ese espacio y percibes que hay un nuevo lugar en tu vida para sentirlo como tu casa y tu familia…

GANAR, GANAR, GANAR…
resuena así como un eco poderoso que lo penetra TODO.
Sencillo ¿Verdad?

 

Antonio Enrique Nión Cortizas