No es vanidad, ni justificación: es ArtedeAmarte. En nuestro caso, la suspensión del Nivel 3 tiene un nombre entre los expertos en el mundo mercantil: “morir de éxito”. Es un concepto interesante para toda persona que decida emprender y que necesita poner los pies en tierra. Las ideas, si llegan de golpe, suelen ser seductoras, pero poco pragmáticas. Hace falta un equilibrio importante entre mente y corazón para llevarlas a cabo. Pero también hace falta entrar en un nuevo paradigma para ver otros horizontes.

Morir de Éxito es una expresión que viene a decir lo siguiente: “Nada más empezar has conseguido una importante cuota de clientes, pero no tienes la infraestructura preparada para atenderlos; conclusión: se marchan decepcionados y tu negocio cae en picado”.

En nuestro caso, ¿motivos? Pues, la infraestructura no estaba preparada o no era la adecuada. Este el por qué, necesario a la hora de hacer análisis, pero en un contexto holístico nosotros vamos más allá y nos preguntamos: “para qué” ha sucedido.

Párate con humildad y descubrirás un mundo de posibilidades. El “fracaso” quizá no sea más que una llamada de atención, una parada necesaria, tal vez un aprendizaje preciso para la siguiente etapa. En nuestro caso el fracaso es un regalo que nos dice una de las siguientes cosas, o varias a la vez:

1. El qué no está bien definido o no es resonante con la idea principal. Podría ser original, pero ¿encaja?

2. El quién, o quienes, no está preparado; incluso alguien debe marcharse antes. O bien, esperar a que alguien se incorpore; en el juego holístico podría ocurrir incluso que un participante sirviera de impulsor.

3. El cuándo no es ahora: puede que ya fuera o tal vez queden dos años.

4. El cómo es lo último y será la consecuencia de los anteriores.

5. El cuánto también estará en resonancia con la idea.

En el contexto dualista el fracaso no es más que la otra cara de una moneda. En el reverso aparece tallada la palabra que ahora está de moda en el mundo de la empresa, una con la que se bombardea a la población de jóvenes emprendedores: el éxito, sí o sí.

En el contexto holístico: ni éxito, ni fracaso. Mira qué tipo de moneda -o valor- quieres sembrar realmente en tu vida. ¿Forma parte de tus talentos? Tendrás que mirar las dos caras con la misma neutralidad. Las mirarás como parte del equilibrio necesario para entender que lo importante no es una de las dos caras, sino el balance para que la moneda ruede por sí misma. Esa es la metáfora para que tu proyecto salga adelante. Si estás todo el rato forzando la cara de la moneda que dice éxito, al mismo tiempo estarás acuñando un temor creciente por enfrentarte a la otra cara: el fracaso. Conclusión: incluso la cara amable te recordará la cara del fracaso. Cuando aparezca el fiasco lo verás como un castigo y no como una oportunidad. Lo verás como algo merecido por no haber sido un perfeccionista. O le echarás la culpa a alguien.

¿Por qué genera tanto estrés? Porque ese tipo de éxito resulta agotador por todo lo que te obliga a mantener: ganancias, prestigio, posesión, poder. Sin embargo, algo te impulsa desde los abismos de tu inconsciente, algo que yace en el fondo y que difícilmente se ve. Este es el meollo: miedo al fracaso social.

Sí, ¿cuál es la motivación real que te mueve? Pues quizá sea la mera gratificación sensorial o psicológica. Una de las más importantes te habla del reconocimiento social; ahora mismo se predica, se difunde, se remarca que no hay nada como triunfar con los valores actuales de nuestra sociedad: liderazgo (con héroes incluidos), popularidad, lucros, seguridad, relaciones (en cantidad y no en calidad).

Ese esquema mental que supedita tu éxito al veredicto de una sociedad resulta extenuante, veredicto que en buena medida lo creas tú. En el fondo es el esquema mental que cincelaron tus padres, tus abuelos… cierta energía familiar, y que fue reforzado en la escuela y en la calle, creando un feroz juez en tu interior que difícilmente deja de vigilarte y que se confunde a menudo con la voz sojuzgadora de tu ego. En un alarde de generosidad debo reconocer que hubo una evolución en el proceso: muchos padres o familiares cambiaron el “quiero que seas el mejor” por “quiero que seas el mejor en aquello a lo que te dediques”. Lo he oído más de una vez. Siempre el mejor… para que te valoren.

En definitiva, valoras más el visto bueno de los demás que el tuyo, y todo, presta atención, por mera fidelidad a los que te enseñaron, con quien seguramente te identificaste de niño o de joven. No los culpes; ellos recibieron el testigo de sus predecesores.

La paradoja es que te conviertes en un ser vulnerable, dispuesto a seguir a la masa, por muy independiente que te creas, conservador o progresista, religioso o ateo. Hay toda una filosofía de fidelidades que deberíamos revisar para ser libres y actuar desde nuestra esencia.

Primer aviso serio que te doy: cuando la persona no está en sintonía con su ser, cuando sigue los dictados de una sociedad materialista, con sus valores obviamente materialistas, surgen problemas, entre ellos muy serios; uno de ellos se ha convertido en una plaga mundial de primera magnitud: la depresión. La depresión no es más que una frustración -abierta o escondida- sostenida en el tiempo (me lo confirmó una amiga psicóloga, cuya tesis doctoral versaba sobre eso).

Ahora te expongo a modo de ejemplo una consecuencia, algo que aparentemente es liviano, pero no, en absoluto. Quizá tú pertenezcas al grupo que mencionaré, estimado joven. Me resulta descorazonador pensar el día que cientos de miles de adolescentes que practican fútbol en sus equipos federados, con sus competiciones pomposas, descubran en unos años que la idea de no llegar a la selección internacional de fútbol -ni siquiera a un equipo de primera división, qué va- se convertirá en frustración de difícil digestión. La acidez de la digestión se llama rabia y esperemos que la cosa quede ahí.

Muchas de estas aspiraciones están atizadas por un padre que te alienta en todo momento, pero cuya frustración por el pasado que él no pudo conquistar sigue viva… en ti.

También imagino la misma escena para los millones de chicas o chicos, adolescentes o jóvenes que no conseguirán lo que más vende la televisión: la fama. Hay un mensaje de “absoluta felicidad” si eres famoso; además eres visible, eres aceptado, estás vivo. Lo demás es la muerte. Mi hija pequeña, de adolescente, me confesó que quería ser famosa. Lo gestionó bastante bien al cabo de unos años, y solo quiere ser feliz o… muy feliz. En esa búsqueda se encuentra y por lo que sé lo está consiguiendo.

Volviendo a la visión holística. Si miras la vida como un flujo, algo que está lejos del paradigma de las dualidades citadas, abrazarías una nueva dimensión, llena de posibilidades creativas. Para ese caso tu campo semántico cambiaría y ahora le llamarías flujo, corriente, conexión. Por usar la metáfora de la moneda: ¿Rueda la moneda? ¿Queda en equilibrio? ¿Gira sobre si misma a cierta velocidad? Y si no rueda, está en equilibrio o gira a cierta velocidad, ¿el mundo sucumbe? ¿Peligra tu vida inexorablemente?

Con la visión dual, si la encuentras reposando sobre una de sus caras te verás obligado a presentir dos sentencias: ¡Éxito! ¡Fracaso! Con esta visión ambas te atan. Atraen mucha infelicidad.

Para terminar: hay una nueva medida del éxito en este paradigma para saber si el proyecto crece con los ritmos de la Tierra -Huy, que anticipo otro artículo-:

1. ¿Te produce disfrute?

2. ¿Te produce paz?

3. ¿Se enriquece la comunicación en el entorno?

4. ¿Te sientes líder o parte de algo más grande?

5. …

6. ¿Te sientes vivo?

 

Un abrazo de dos respiraciones.

 

 

Josemaría Garzón

arteamarte.net