Vivo en Nicaragua por temporadas y desde hace dos meses comencé a acariciar la idea de viajar hasta Israel para visitar lugares considerados como bíblicos. Jamás me interesó ir a Israel, de verdad, salvo en una ocasión; fue con la intención de acompañar a un amigo. Considero que la conexión con lo sagrado no pasa por visitar sus lugares; ayuda, pero existe otro lugar donde contactar con ella: dentro de ti.

Hace tres días fui consciente de que mi deseo se había convertido en ansia. Y justo en ese momento paré mi actividad delante de la pantalla del ordenador para hacer una de esas preguntas que llamo con el nombre de llaves: “Vamos a ver, Josemari, este deseo es tuyo o viene de otro sitio”. Después de una pregunta así los pensamientos, sobre todo imágenes, que vienen a continuación son la respuesta, no son algo ajeno a la pregunta.

¿Qué es lo que vi? Observé escenas de personas y conversaciones que he mantenido durante los dos últimos años. El significado viene a decir que he conectado con un campo dentro del inconsciente colectivo -o él ha conectado conmigo por mis peculiaridades psicológicas- y ha querido retroalimentarse a través de mí. ¿Cómo? Reviviendo momentos bíblicos allí, en Israel.

Si tu pregunta-antídoto es certera y si estás Atento a la respuesta, entonces siempre sucede lo mismo: el deseo o el ansia se desinfla como un globo que has sujetado por la boquilla con los dedos índice y pulgar. Separas ambos dedos y adiós globo, adiós deseo. Si el deseo pervive, entonces la idea proviene de otro lugar al que prestarle atención.

Sirva la anterior introducción como ejemplo para contextualizar otra poderosa idea de la matriz del inconsciente colectivo:

Parece que no tiene importancia, pero en tus genes, y en tu aura, llevas impresa la idea secreta y poderosa de que alguien vendrá a rescatarte. Las posibilidades son muchas. ¿Ese pensamiento vendrá desde la matriz o matrix -en inglés-? ¿Cómo se acuñó dicha idea que pervive en la inmensa mayoría de las personas? ¿Cuándo? ¿Cómo ha derivado hasta nuestros días para que aparezca vestida con otros ropajes irreconocibles?

El origen, o la semilla, se encuentra en la idea del retorno de un salvador místico, algo muy vivo en la inmensa mayoría de las religiones. ¿Cuáles son los disfraces?: rescate por un líder político que acabe con la corrupción; rescate por el gurú moderno; rescate por extraterrestres; por un cantante que arrase con su música y su letra; rescate por superhéroes (en el imaginario de los cómics y películas); por un chico-príncipe azul; encuentro casual y rescate por la chica; por nuestros padres, aunque hayan fallecido ambos; por un golpe de suerte; por el terapeuta. La lista la puedes ampliar tú mismo. Parece como si se clamara: ¡Que alguien venga ya a rescatarme! Sí, pero, ¿cuándo? Nunca, jamás sucederá, al menos de esa manera tan material ni psicológica. Debo anticiparte que si te sientes apoyado o rescatado en tu vida por personas que te aman, quizá deberías sopesar antes en cómo tú confiaste primero en tus posibilidades. Ellos no son más que la proyección de lo que ya creaste dentro de ti.

Si existiera una Segunda Venida, que es la idea origen de este rescate celestial, habría llegado y no sería como se había anunciado. Te aseguro por la experiencia que llevo acumulada, más de cinco décadas, que se encuentra activa en el corazón de miles y miles de personas que conocen quién devolverá el Paraíso a la Tierra, quien será el responsable: un ser humano trascendido, es decir, tú, por ti mismo, y con la ayuda de esa conciencia a la que unos llaman crística, búdica, cósmica, desarrollo personal y social… Esas personas no llaman la atención en los medios de comunicación, pero influyen silenciosamente en su contexto. No buscan reconocimiento, pero se les acepta como hombres y mujeres de paz, personas que tiende puentes entre los extremos. También son creativos e impulsan iniciativas llenas de autenticidad que en ningún caso suponen un refrito de lo que ya existe.

Doy un salto y te llevo al contexto de los campamentos porque es en ellos donde encuentro, más que en otro lugar, y de manera cabal, cómo la idea del viejo rescate se torna hacia un despertar propio, por sí mismos:

Que de vez en cuando me fije en la actitud ensimismada de una niña y yo desentrañe a través de su mirada que podría estar tocada por algo revelador, sería casi normal. Sin embargo, que un grupo, después de una armonización en un taller, se haga consciente de su parentesco de hermandad, aceptando las diferencias, entonces ya entramos en un terreno algo diferente.

Esos momentos de concordia (con-cordis, literalmente: corazón global,) son inenarrables. El silencio es más elocuente que cualquier palabra, también porque eres consciente de que Dios se expresa con silencios. Y aunque la mayoría de los participantes lo reduce a la idea de familia, de muy buen rollo o “esto es nuevo para mí”, doy un paso más allá, hacia algo insólito, o sea, cuando alguno, después de abrazar la idea de familia como síntesis de su vivencia, siente que nunca habían dejado de serlo.

Y de nuevo surge una revelación más que nace siempre en momentos de silencio, silencio que nadie, al menos humano, sostiene. Aclaro que es un silencio que llega sin avisar y se marcha sin decir adiós. El develamiento revela a las claras que nunca, jamás, los animales, los ríos o los árboles estuvieron al margen del viaje.

Cuando finalizan estas contadas epifanías en los campamentos, cada miembro del grupo regresa a casa como cualquier persona que finaliza sus vacaciones veraniegas: la vida sigue su curso, en el contexto habitual. Sin embargo, te llevas guardado en una esquina de tu corazón la apreciación de que los grandes avatares de tu vida cotidiana ya no responden a una guerra o a un ‘valle de lágrimas’, sino que ahora hay un para qué, y cuya respuesta es exclusivamente tuya, según el nivel de conciencia que mantengas en ese instante. Por eso, los intermediarios, chamanes y sacerdotes sobran aquí. No hay más juez ni maestro que tú mismo.

A partir de ahora, cada vez que te abrace en exceso la idea de que te sientes solo, de que alguien cercano debería rescatarte, mediante su apoyo o el reconocimiento personal que tú deseas de él o ella, piensa en la esclavitud que supone semejante creencia. ¿Es tuya? ¿Sigues alimentando con tu actitud autocompasiva al viejo inconsciente colectivo? ¿Has decidido ya si quieres ser libre de esta matriz para crear tu propio camino? ¿Has pensado que ese nuevo sendero con quien estás íntimamente conectado es con la Unidad que armoniza la naturaleza?

Para terminar, deja de esperar a ese que vendrá a cambiar las cosas. Puede que te eche una mano, sea humano o divino. Pero olvida a los héroes salvadores porque en el guión sagrado de tu vida lo único que de verdad aparece escrito es que solo tú eres el protagonista de tu Historia. Y esa singular Historia solo comienzas a hacerla consciente en el momento que buscas el amor para ti y por ti, incondicionalmente. Ya verás cómo lo de fuera cambia.

Ah, y ya verás cómo cambias un patrón del inconsciente colectivo por otro positivo. Aunque no lo veas, es una manera que permite cambios en el planeta.

 

 

Josemaría Garzón

artedeamarte.net