El trabajo con el niño interior se convierte en la actividad fundamental de campamentos AdeA desde hace más de una década. De esa idea emana el repertorio de experiencias que configuran todo el programa, un calendario en el que, de manera excelente, se dan la mano conciencia y ocio. Desde el tipo de presentación con el cual te encontrarás, ya el primer día, a los talleres de carácter emocional, pasando por las veladas, todo, absolutamente todo, está pensado para él, no para ti.

Tradicionalmente se considera al Niño Interior como hijo de la aflicción. Es una personalidad perfectamente consciente de sí misma y vive dentro de ti, de ti como joven o como adulto. A veces se lo confunde con el inconsciente, con el subconsciente, con el ego, pero en absoluto es cualquiera de ellos. Tiene sus conexiones con estas áreas, pero él -o ella, porque también hay niña interior- posee su propia conciencia. Te podría decir que es una entidad dentro de ti, tan plenamente viva y tan importante que su influencia abarcaría la mayor parte de las acciones de tu vida. Tú te crees autónomo, te crees independiente, incluso creativo, sin embargo, su acción es de tal magnitud que, si la hicieras consciente, comprenderías que en muchos sentidos no eres más que un vehículo a través del cual él se expresa; tú eres un instrumento de sí.

Si hubiese alguna definición de alma, de esa alma que según las religiones deberíamos trabajar, liberar, transmutar mediante la alquimia de la vida, yo la identificaría con el Niño Interior; ella o él; o quizá los dos juntos dentro de una misma persona.

¿Cuándo aparece la aflicción a lo largo de la niñez? Pues cuando…:

  • no te sientes reconocido,
  • te sientes abandonado o
  • tienes miedo a la muerte.

 

¿Te suena esto de algo? Esas tres aflicciones son la fuente de la inmensa mayoría de emociones negativas que te bloquean en lo cotidiano. Ellas son la médula sobre la que discurren la mayoría de tus experiencias. Su gestión es tu trabajo.

Este bloque, que hace mella especialmente en los primeros años de existencia, posee el poder de moldear gran parte de tu personalidad. Las emociones que sobrevienen como consecuencia de las tres anteriores se ven poderosamente reforzadas por otro bloque no menos poderoso y que se convierte con el primero en un círculo vicioso del que es difícil y complicado salir:

  • la culpa,
  • el castigo o expiación de la misma y
  • el desmerecimiento.

 

Quizá le llames mala suerte a eso que te pasa o a lo que sucedió, pero nada de eso. Este segundo grupo lo que hace es afianzar al primero. En un momento específico, asumiste como veraces estas emociones, es decir, te las creíste, en parte por impulso propio y, en parte, por la educación recibida. Piensa si no te sentiste responsable en más de una ocasión de situaciones que eran del todo ajenas a tu control: desde la muerte de papá hasta el divorcio de ambos; desde las disputas de la pareja, hasta la grave enfermedad de ella; desde la ruina familiar hasta el momento del abuso; desde el acoso en el colegio hasta el miedo a quedarte solo por las noches en la habitación. Si eres mayor quizá hayas olvidado hasta qué punto te sentiste responsable. Sin embargo, te aseguro que aún pervive ahí dentro un niño que se siente culpable, que proyecta en tu presente un castigo y que siente que la vida y él no caminan juntos.

La culpa lleva al castigo, el castigo al desmerecimiento y éste, de nuevo, a la culpa. Siempre en un círculo vicioso en el que rara, rara, es la persona que no está inscrita en él, cómo el hámster encerrado en la jaula, que corriendo y corriendo frenéticamente en su noria, piensa que avanza kilómetros. No se mueve ni un centímetro.

Cada vez que el niño se enfrenta a uno de los dos bloques, una parte se bloquea, y pasa a vivir en el inconsciente, de tal manera que él, por su cuenta, revivirá una y otra vez ese presente. Allí solito, en su presente. Es decir, estará atrapado como el hámster en la noria, viendo pasar las mismas imágenes y emociones una y otra vez. Si has visto el clásico de cine “El día de la marmota”, más o menos es así. Esa conciencia ejercerá desde el inconsciente todo su poder y lanzará a la pantalla de la vida su viscosa realidad a través de proyecciones, proyecciones que pueden ser literales o simbólicas, pero tan relevantes que condicionarán cada uno de los movimientos y decisiones en tu vida. Esas proyecciones, que el joven o adulto, pensará que son nuevas o externas ocurrirán en tres niveles:

  • En el entorno de la familia.
  • En el entorno social (académico, de amistades o de trabajo).
  • En el cuerpo (a través de enfermedades o accidentes).

 

Y así será durante poco tiempo o mucho; así será cuando un día cualquiera, de mayor, con toda seguridad, te voltees y comiences a contemplar el amor con otro cariz, no como servicio, sino como el alimento imprescindible para ese ser que te está esperando desde su presente, y al que tú de manera continua e ignorante lo nombras en tus pensamientos con un “mi pasado”. Nada que ver.

Cuando inviertas la mirada, comprenderás que lo de ahí fuera, lo que sucede en esa magnífica pantalla holográfica y bioenergética que es la vida, no es más que el mecanismo perfecto donde se proyectan las aflicciones que lleva dentro tu niño. Su mensaje, indirecto, sería el siguiente: “Esa persona, esa circunstancia con la que tienes el conflicto, la ha atraído mi necesidad de ser reconocido, mi abandono, mi miedo a la extinción. No lo entiendes: tu problema no es con ella, sino para mí. Ella remueve mi aflicción”. Solo entonces la vida te mostrará una sonrisa con la forma de un arco iris invertido. Solo entonces la vida será amigable. Esa es la alquimia del amor hacia el Niño Interior. Ese es el sentido fundamental de ArtedeAmarte.

Ni la familia, ni la sociedad, ni el colegio o el instituto, ni las enfermedades de tu cuerpo son la causa de tu aflicción, sino los desencadenantes que apuntan hacia el interior, allá donde debes escuchar para descubrirlo a él; el espacio-tiempo donde él clama para que alguien, quizás tú, con tu conciencia, tu nueva visión, lo rescates y lo transformes en el Niño Cuántico, puro potencial. Las dos caras de una misma moneda. Ya hablamos de él en otro post. (Del niño interior al niño cuántico)

Entonces, ¿debes amarte? No, no. Debes amarlo. Este es el alimento que él necesita para crecer, para integrarte con él, amor constante a una parte de ti. Amor con todos sus atributos para que recuperes el camino de vuelta a casa. ¿Dónde? Aquí y ahora. De esta manera la vida cambia de función: pasa de pantalla de proyección a un brillante escenario sobre el que danzar. Nada que ver, ¿verdad? Porque en el primer caso tú eres un títere de las circunstancias; en el segundo eres creador en todas las áreas de tu vida.

En los campamentos, los chicos y los jóvenes son conscientes que el trabajo con el espejo, los ejercicios de cuentos proyectivos, las preguntas hechas durante un paseo en solitario por el bosque cercano, aprender a sentir al otro mediante el abrazo, o bien esos magníficos diálogos que surgen del corazón, solo son ejercicios que intentan rescatar a ese Niño Interior, en primera instancia, y hacerlo volar, en segunda.

 

 

Josemaría Garzón
artedeamarte.net