¿El chef y su equipo comienza a cocinar desde el primer día de campamento? No, en absoluto.

El equipo está concienciado de que debe trabajar con amor cada una de las jornadas. Por eso, dos días antes – te repito: dos días antes- de que comiences, el personal adulto ya desayuna, come y cena junto. Aunque algunas personas ya tienen experiencia en Campamentos ArtedeAmarte, también es verdad que cada año hay caras nuevas. Es necesario aprovechar una vez más esta oportunidad para integrar a los nuevos y reconectar a los experimentados. ¿Cómo?, a través de la comida.

Los días previos todos colaboran a la hora de poner la mesa, repartir tarjetas, fregar platos y, por supuesto, charlar cuando terminan. Hay adultos con experiencia que preguntan, entre otras cosas: qué chavales vienen este año que conozcamos del año pasado; qué días vienen los caballos y la salida de excursión con el fin de preparar una excelente bolsa con bocadillos; cómo ha ido el año; y tu hija, ¿aprobó?

Cuando hay armonía cada problema es algo que parece resuelto de antemano. Cuando hay desunión el más mínimo problema se convierte en una llama más de la guerra. Durante estos momentos hay un trabajo de presentación entre los que no se conocen, y eso va forjando complicidades. Con los nuevos las preguntas son obvias: de qué ciudad o de qué país eres, a qué te dedicas; o algo más relacionado con su trayectoria profesional; de cómo te enteraste de la existencia de ArtedeAmarte y de cómo llegaste hasta aquí. A veces, brotan risas o… carcajadas, no siempre, pero cuando surgen son explosivas e infinitas. Siempre hay alguna persona que posee facilidad para ello. En verdad, reconocemos que la risa es un excelente aceite para el complejo engranaje de las relaciones humanas.

La intención es que la sustancia fundamental entre las personas, la amistad, fluya constante. Que los personalismos, cargados de ego, no tomen las riendas para trasmitir lo que siempre ofrece el ego: conflicto. No importa el momento en el que llegue la intensidad del trabajo. La armonía, consecuencia de la amistad y de compartir con claridad el objetivo último de los campamentos, favorecerá los procesos. Como te decía al principio, con estas premisas es más difícil que surjan los personalismos egocéntricos, enemigos de que el barco navegue silencioso, pero inexorable, hasta el puerto de Arte de Amarte.

La experiencia en la cocina alcanza niveles sobrenaturales. Puedo asegurar que hay ángeles entorno a ella y que vigilan con celo el proceso de elaboración. Yo no soy ángel, menos mal, pero a menudo siento el aleteo. En ciertas ocasiones paso por delante de la puerta de la cocina, abierta o cerrada, antes de que lleguen los chicos de sus talleres: existe un silencio y un grado tan importante de comunión entre el chef y sus colaboradores que ni siquiera me atrevo a saludarlos; lo percibo como una intromisión en un lugar sagrado. En cambio, en otras ocasiones te asomas por el hueco del pasaplatos y descubres a todo el planeta cocina (como los llaman los chicos) doblados por la risa. Algo ha pasado entre ellos y ellas, y, por supuesto, nadie está en condiciones de contarlo, aunque tú te mueras de ganas por saberlo.

Hay muchas formas de meditar; en la cocina se practican unas cuantas. Y la risa es una de las más importantes.

Este es un esbozo de cómo se prepara el ambiente para que tenga una vibración alta, a través del compañerismo, de objetivos compartidos y de la dedicación necesaria para este perfil de trabajo.

De cara a los chicos y chicas que vienen al campamento te contaré que hay objetivos más cercanos y personales cuando se aplica esta pedagogía, desde la idea que ya desarrollé en anteriores artículos. De nuevo te repito que cuando llegues al último post lo entenderás.

¿Cuáles son los propósitos, en definitiva, después de tanto enfoque con la mesa?

1. Que reverencies la comida con gratitud. Ello te lleva a compartir y celebrar. ¡Tres veces al día!

2. Que contengas tus impulsos; quizá el más importante sea el de la gratificación rápida, uno de los más nefastos con los que muchos chocan.

3. Que descubras tu propio equilibrio alimenticio, verbal y emocional. Dado que tendrás diferentes roles alrededor de la mesa, te encontrarás con diferentes emociones en cada ocasión:

a. Colocación de tarjetas con afirmaciones y su desarrollo en la parte trasera.

b. Colocación de cubertería.

c. Lectura de tarjetas (bueno…, lectura, memorización, interpretación; uf, cuántas cosas hacemos con las tarjetas en diez días y antes de cada comida. Otra vez. En el último post)

d. Bien-decir la mesa al estilo de “como sientas” (significado literal de bendecir: bien decir), para agradecer a quien tú quieras o a lo que tú quieras.

e. Cabecera de mesa (altas responsabilidades).

f. Ala de la cabecera (apoyo al jefe de mesa).

g. Comensal.

h. Barrido del comedor.

4. Que no te sientas como parte de un grupo, sino como parte de una unidad.

5. Nacido del anterior: que aprendas a tomar conciencia de la Tierra como ser vivo, como ser que forma parte de un todo en el que tú estás inmerso.

6. Que aprendas a ser flexible: lo mismo desarrollas cualidades de liderazgo que de humildad. Y todo puede suceder en cuestión de horas, el tiempo que va de una comida a la siguiente.

7. El aprendizaje de responsabilidades. Aquí enseñamos que responsabilidad no es tanto “deber”, sino responder-con-habilidad.

8. El respeto hacia los demás, sin distinción de género, raza, edad o condición social, entre otros. Eso, aquí ni hace falta, porque todos aprendemos a vernos como partes de lo mismo, o segundo término como complementarios.

 

Existen miles de anécdotas positivas entorno a la comida, muchas de ellas fueron forjando o cincelando año tras año esta Pedagogía de la Mesa desde aquel año -y ya han pasado años- en el que una miga de pan voló de una mesa a otra y el griterío era ensordecedor. Aquel año en el que me dije: “Aquí hay que cambiar algo”. Aquel tiempo en el que meditando al pie de un castaño y rodeado de nieve encontré el para qué.

Un botón de muestra sobre anécdotas es lo siguiente:

Cuando Paula, la chef, me dijo que el ketchup llevaba azúcar y por eso los chicos acababan con los botes en una sola comida. Entonces lo cambiamos por salsa de tomate y nadie quedó traumatizado.

Cuando nos molestaba que algunos chicos llegaran ansiosos de otros talleres preguntando qué había de primero, de segundo y de postre. Descubrimos que de esa manera dejaban el plato que menos les gustaba y se atiborraban de otro. Nueva norma: si no te comes el primero, no comes el segundo; si no te comes el segundo no te comes el postre. Algo, mínimamente, debes probar, salvo que tengas alergias o tus padres nos hayan dicho que tienes aversión o fobias reales a determinados alimentos.

Aprendimos a vigilar a las chicas que nada más terminar de comer pedían permiso al jefe de mesa para ir al baño. ¿Te imaginas por qué? Solo fue en cuatro ocasiones, pero pronto se creó una conciencia implícita de cuidado y apoyo por parte de todo el grupo.

Los chicos aprendieron que, si en un día repetías como cabecera de mesa, el puesto de mayor responsabilidad, podría obedecer desde una visión holística y sistémica (qué palabras tan raras y bonitas) que eres un controlador nato en tu vida diaria o porque no quieres responsabilizarte de ninguna tarea en casa. En fin, es la magia de los Campamentos ArtedeAmarte.

Descubrimos tantas y tantas sincronicidades, como cuando dos chicas de ciudades diferentes veían que sus tarjetas las obligaban a sentarse juntas, hasta que hablando y hablando descubrieron que el padre de una era uno de sus profesores en el instituto, el más querido… y encima ambas habían nacido en un hospital de una ciudad pequeñita, el mismo año, el mismo mes… Y que una sufría de bulliyng y la otra le dijo que su padre, el profesor, la ayudaría.

Introdujimos la idea de comer más silenciosamente. Ah, y la de introducir, al menos un día, de silencio absoluto. Bueno, silencio absoluto… no, porque se oye el tintineo de cucharas sobre los platos. Pero, a veces, lo conseguimos, sobre todo cuando no se escapa una carcajada de alguien nuevo que no está acostumbrado a cosas tan raras como estas durante las comidas.

Tanto evolucionamos que hace muy poco nos animamos a introducir la cocina vegana, pero, alto, solo en el Nivel Dos. Pues bien, ¿sabéis lo que sucedió? Nada. Sí, nada de nada. Nadie murió de hambre, nadie adelgazó, nadie dejó un solo plato sin comer.

Un comentario de un chico repetidor que asistió al primer campamento que se organizó de cocina vegana dijo lo siguiente: “Lo que parecía que iba a ser un desastre se convirtió en toda una experiencia de sabores agradables”. Este comentario de un chico que vino con algo de miedo por este asunto tiene familiares en el negocio de la restauración; también tiene un hermano que ha expresado que no le importaría venir a la cocina cuando sea mayor como chef. Puedes encontrar el comentario en la sección de Opiniones de esta web.

En definitiva, tanto los chefs como los colaboradores de cocina están comprometidos con su crecimiento personal. Y ese esfuerzo por desarrollarse como personas convierte a la cocina en un instrumento de los más valiosos para tal fin, para ellos y para los comensales.

 

artedeamarte.net

Josemaría Garzón