Y por fin llegó la parte práctica de la Pedagogía de la Mesa, después de cuatro posts. Ya está bien, ¿verdad? Escribirlo no es tan divertido como vivirlo. Por esta razón te invito a dos cosas: que, por favor te leas los anteriores post -no aprenderías verdaderamente lo que está escrito aquí- y, por otro lado, si los has leído te propongo que uses tu poderosa imaginación para que, entre párrafo y párrafo, cierres los ojos y entres en el comedor. Nada más cruzar el umbral de la puerta husmea, aspira el aroma de la sopa. Se te mezclará con los espaguetis con tomate y queso fundido, quizá el aceite de las patatas fritas, visualiza las cuatro mesas de ocho o nueve personas cada una. Siente el hambre natural que llena tu estómago después de una mañana repleta de talleres mágicos.

Sigue visualizando y observa cómo al lado de uno de los platos encontrarás tu tarjeta, con la afirmación que al azar te tocó el primer día, una afirmación que te habla de muchos niveles del alma y de la cual solo has extraído la parte literal. Pero… hay más.

De antemano, debo especificarte que los adultos no suelen ser cabeceras de mesa, para que tú tengas mayores oportunidades de aprender liderazgo o humildad; ambas cualidades deben ir juntas. Así que tenemos una consigna a la hora colocar las tarjetas en cada lugar: primero se reparten las de los chicos y se deja un hueco en medio de cada mesa para colocar la de una monitora, por ejemplo, el coordinador o cualquier tallerista. Esto quiere decir que las de los adultos se barajan aparte. Ellos tienen la misión de vigilar que se cumplan las normas siguientes en cada mesa.

 

1. Entra en el comedor y buscar con calma tu tarjeta.

Esas velocidades que conoces en otros comedores para ocupar el sitio que más te apetece porque deseas sentarte al lado de tu mejor amigo o de la chica que te gusta, como que no. De esa manera es como se forman las peores burbujas, y se produce una especie de cierre a tu crecimiento personal. ¿Siempre con los mismos?

Con calma el grupo entra y cada uno busca su tarjeta. Te sientas y en ese momento comprenderás de súbito que ocupas el puesto de mayor responsabilidad, jefe de mesa. A tu derecha y a tu izquierda están las alas de la mesa, es decir, tus colaboradores.

 

2. Lectura de las tarjetas.

Verás que en esta dinámica siempre se participa con un movimiento circular. Quiero decir que se comienza en la mesa que se halla cerca del aparador -el que está al fondo. conforme se entra a la derecha-. Mientras los demás están atentos, en esa mesa comienzas a leer tú y, a continuación, tu compañero en el sentido contrario a las agujas del reloj.

Debo aclararte que esa zona, la contraria a la entrada principal, se convierte en una especie de escenario. Uno detrás de otro se levanta y lee. Cuando terminan de leer en esa mesa continuamos con la mesa de la derecha, porque cuando hablamos de mesas también avanzamos de una a otra en igual sentido, contrario a las agujas del reloj. Te preguntarás, ¿por qué? Es una cuestión energética, de flujos energéticos, de crear corrientes de conciencia. Pero.. esto… uff, mejor será para explicártelo cuando llegues al Nivel Dos.

A lo largo de los días -de comida en comida- comprobarás cómo cambiamos el ejercicio y pasamos de la mera lectura de la afirmación de cada tarjeta a otras opciones con las mismas. De esta manera evitamos la rutina, rutina que lleva a la apatía, apatía que distrae, distracción que quita valor a cualquier cosa que hagas; conclusión: vuelven a aparecer los impulsos desaforados. Vuelves a olvidarte de ti. La actividad suele durar veinte minutos, con los platos vacíos por delante, pero el olor a comida que sale de la cocina penetrando hasta lo más hondo de tu ser. No te preocupes, en dos días te acostumbrarás y el impulso instintivo de engullir para saciar el hambre descenderá. En cualquier caso, observa cómo evolucionará la lectura de las tarjetas. Cada apartado corresponde a días diferentes:

Lectura de la afirmación (esta modalidad suele durar dos días; sin embargo, acuérdate que debes aprenderte la tuya y comenzar poco a poco a recordar la de los demás). Mientras, sigues pensando en las responsabilidades que tienes por ser cabecera de mesa: ¿Lo haré bien?, piensas.

Lectura de la afirmación y lectura de la descripción posterior (tercer día).

Escondes tu tarjeta debajo del plato y la expresas de memoria.

Lectura y explicación breve -una o dos frases- de la de descripción que aparece detrás de cada tarjeta. Y si no hay explicación, entonces tendrás que explicar tu afirmación. ¿Qué significa para ti esa afirmación?

Las tarjetas de la totalidad del grupo se esconden debajo del plato y entre todos los miembros del grupo se adivina la tarjeta de cada uno y cada una, en el mismo orden que cuando se leen.

Escucharás muchas veces el siguiente comentario del monitor o coordinador que dirige la actividad: “Ahora le toca el turno a Jaime. Que levanten la mano los que se acuerden de su afirmación”. Comprobarás que hay chicas que se acuerdan sorprendentemente de casi todas las afirmaciones, chicas que por timidez no se atreven a levantar la mano, o chicos que quieren participar a toda costa. Si prestas mucha atención comprobarás que el monitor suele dar la palabra a los que menos participan. Es decir, reparte el protagonismo.

Si nadie recuerda la afirmación de una persona se interpreta de la siguiente manera: que el grupo no prestó atención a esa persona cuando en días anteriores leyó su afirmación, o bien, que la persona no está muy presente en el grupo del campamento. A veces, echamos una mano mencionando la primera o las dos primeras palabras de su afirmación. En ese momento, zas, levantan los brazos como cohetes cinco o seis. Hay que recordar que se trata de levantar la mano no para escupir la afirmación del chico al que le toca, sino de esperar a que te den la palabra. Frenamos así la impulsividad; además, quien no es elegido aprende a gestionar la frustración.

Ha llegado la hora de las descripciones del dibujo que acompaña a la afirmación -primero objetivas y en el siguiente paso, subjetivas-. Este ejercicio es preparatorio del siguiente. Lo entenderás cuando lo leas. Podría ser el siguiente caso: “Pues yo veo aquí dos árboles y una persona que está escondida detrás de uno de ellos mientras una pareja se aleja por un camino…”

Interpreta de manera subjetiva qué te está diciendo el dibujo, o el dibujo y la frase unidos; en relación a ti, a tu manera de interactuar con tus amigos, en tu familia, qué mensaje ya estaba ahí, y tú sin saberlo, en esa tarjeta y que se convierte en un reflejo preciso de algo que existe en tu interior. Podría ser de esta manera: “Pues yo veo aquí dos árboles que son mis padres y dos personas que se alejan por un camino; ellos son mis dos amigos, que no quieren cuentas conmigo, pero también entiendo que el que está detrás del árbol, o sea mi madre, soy yo, que normalmente me escondo, no me muestro, y es normal que la gente no se quiera relacionar conmigo…”

Este es uno de los juegos de tarjetas más interesantes y más largos. Por ese motivo, es preciso entrar al menos tres cuartos de hora antes de la hora normal del comienzo de la comida, porque si la demora es grande, el chef y los voluntarios de cocina se pondrán algo nerviosos. Los platos se enfrían.

El siguiente es muy bonito porque cuando se lleva a cabo entiendes la extraordinaria unión que existe en el grupo. Parece como si cada persona estuviese atravesada por un hilo de magia inexplicable, como si ella fuese la cuenta de un hermoso collar de perlas, cuyo hilo no se ve, pero sabes que está, uniéndolo todo.

Una compañera ha leído su afirmación y le toca al siguiente. Pues bien, este tiene que unir su frase con la suya mediante un conector oracional, o sea una preposición (… para…), una conjunción (… pero…), un adverbio (… además…), etc. El siguiente compañero tendrá que hacer lo mismo. Al final, parece como si el grupo hubiese creado una historia. Tu historia.

Otro ejercicio más de tarjetas, aunque podríamos enriquecer la dinámica más si tuviésemos más días, pero, no, ya estamos casi al final de los campamentos.

Debes actuar según estas preguntas: ¿A quién le darías tu tarjeta? ¿Quién crees que necesita tu afirmación después de que ya conoces a todos tus compañeros y compañeras, en estos días compartiendo tantos talleres de carácter emocional? Lo piensas, la relees, buscas en el grupo y decides, pero ojo, que si otra persona le entrega la tarjeta-afirmación a esa pesona, tendrás que buscar a otra. Podríamos decir que “esa no era”.

A veces sucede que la otra persona ya intuía que tú le darías tu tarjeta. Nueva magia holística. Aprendes con el desapego, aprendes generosidad, aprendes a liberar espacio en tu interior para permitir lo nuevo.

Debo recordarte que la atención sigue viva porque debes controlar quienes no han recibido ninguna tarjeta cuando llegue tu turno. De lo contrario algunos acumularían más tarjetas que otros. Si una chica a la que deseabas entregarle tu afirmación ya se le ha entregado otra persona, debes tener preparada una segunda persona… y una tercera.

Al principio lo hacíamos de la otra manera, pero resulta que los más populares se llevaban dos o más tarjetas y eso implicaba que había chicos y chicas que se quedaban sin su nueva afirmación.

 

3. Bien-decir (bendecir) la mesa.

Debo aclararte algo muy importante: aunque expresamos que hay libertad para bien-decir (como le llamamos aquí) según las costumbres o no costumbres de casa, muy raramente ha tenido un carácter religioso, al menos tradicional. Y si así fuera, tampoco pasa nada, porque aquí los valores de escucha y respeto deben prevalecer. En doce años, solo ha ocurrido en dos ocasiones. Fue con un niño que hizo una bendición de carácter católico y con una adolescente que bendijo según el rito musulmán. Ni estaba bien, ni estaba mal, era lo que es.

o Comienzan bien-diciendo los adultos, incluyendo al equipo cocina, uno por cada comida. El propósito es que se conviertan en modelos en los que inspirarse; de lo contrario el grupo se repetiría con las mismas expresiones día tras día.

o El objetivo es reverenciar la comida y todas las circunstancias que la han llevado hasta la mesa. También está como objetivo que seas capaz de mostrarte de hablar en público.

o Se aclara que el bien-decir es el primer paso para centrarse en la comida y no estar masticando y parloteando.

o Hay chicas que son muy originales o que ponen un gran corazón. Eso no quiere decir que haya que aplaudir. Ya se hará en otros talleres. En la Pedagogía de la Mesa no, porque el show es para las veladas, aquí la atención es reverencia compartida.

o Para tu información, los tres conceptos que más abundan a la hora de bien-decir es la gratitud a los cocineros, a los que cultivaron, a los padres y madres por haberles regalado un campamento tan extraordinario, a los que recolectaron y a la Madre Tierra.

 

4. Servir la mesa.

o Existe una sofisticada y exquisita técnica a la hora de repartir que debes conocer, sobre todo ahora que vas a ser jefe de mesa.

o Lo mismo que con las tarjetas, servir la comida también gira en el sentido contrario a las agujas del reloj. Este orden mantiene en todo momento la atención en el grupo, en cómo se sirve, en la cantidad de comida; y la atención en mis compañeros.

o Los adultos de cocina traen el primer plato a cada una de las mesas. Algunos queman y hay que tener cuidado. Colocarán las fuentes o bandejas cerca de ti, que eres el jefe de mesa (en la cabecera). En tu mesa ordenas que te traigan los platos hasta tus alas. Eso quiere decir que te llegarán los platos por una fila y por la otra hasta tu ala derecha y tu ala izquierda. Ahí se apilarán.

Le preguntarás al primero de tu derecha (en este caso es tu ala izquierda) cuántos cazos de sopa quiere. Hay muchos valores en juego aquí, tanto por parte de quien sirve como de quien es servido. La consigna es que debe prevalecer el control del deseo porque no puede sobrar comida en ningún caso, pero sí se puede repetir si queda de sobra en la olla. Por cierto, esta norma vale para la cantidad de aguas que quieres que se te sirva, porque al final de la comida cualquier cantidad de agua que haya en un vaso se depositará en un recipiente que sirve para medir cuánto han sido capaces todos de afinar a la hora de controlar el deseo.

Por tu parte debes tener ojo en repartir equitativamente, porque los hay que quieren atiborrarse sin pensar en los demás. Si fuera así, evalúa la porción de cada uno y si alguno se excede demandando una cantidad superior de lo que tú estimas oportuno, en ese momento, a ese chico o chica le expresas que su cantidad será equis, y que, si sobra al final en la fuente, le servirás más (no se lo digas a nadie, pero normalmente se puede repetir; la cocina reserva algo para casos de necesidad, es decir, que nadie se va a quedar con hambre).

o Tus responsabilidades, como jefe de cabecera, son las siguientes:

  •  Servir con la ayuda de las alas.
  •  Preguntar cuánta cantidad quiere cada uno.
  •  Ordenar el comienzo de la comida y ordenar levantarse cuando se ha terminado.
  •  Ir a por cualquier cosa que se necesite a la barra de la cocina: pan, un tenedor, agua…, lo que sea a petición de unos de los comensales.
  •  Llevar los recipientes hasta la barra y depositarlo en la cesta correspondiente: la de los vasos, la de los platos, cubiertos con cubiertos.
  •  Repartir la basura en su depósito de reciclado específico.
  •  Y más… Pero no te agobies, que todo el mundo lo ha hecho genial. Hay un chico que lleva viniendo tres años. El año pasado tenía ocho años y lo borda.

 

 

5. Se comienza a comer cuando tú das la orden.

o Aunque todos los platos estén servidos ya, no se come hasta que tu des la orden. Lo harás recorriendo amablemente con tu mirada los ojos de todos los comensales. “Podéis comenzar, por favor”, dirás.

o Se debe mantener un murmullo sostenido, nada de gritos, nada de risotadas (para eso ya habrá tiempo); se puede reír, sonreír, comentar, preguntar, compartir… Salvo cuando algunas veces se lleve a cabo una comida de silencio, aunque normalmente esto es para el Nivel 2.

 

6. Recoges la mesa con la ayuda de tus alas.

o Recoger la mesa no es menos importante que el resto de actividades que se han desarrollado en el comedor. Ya verás.

Cuando termina la última persona -los demás tienen que esperar sí o sí en la mesa para levantaros; otras mesas sí se pueden levantar si han terminado-, los platos, los vasos y los cubiertos usados avanzan por cada una de las filas hasta que se apilan en la posición de las alas de la mesa, la de la derecha y la de la izquierda. A la altura de la cabecera se deja uno de los platos usados para acumular los cubiertos, otro por si ha sobrado algún resto de comida -que no debería ser así, porque la norma dice que se tiene que medir bien cuánta cantidad de comida se va a ingerir -y otro para servilletas y demás cosas.

o Si el comedor está abarrotado de gente, solo se levantarán las cabeceras, porque resulta incómodo caminar con tanta gente de pie entre el poco espacio que queda entre las mesas; en cambio, si el comedor está más despejado, las alas pueden ayudar en la tarea anterior. Resulta contradictorio que con menos gente colaboren más personas, pero en nuestro caso se trata de conseguir movilidad y agilidad.

o Las cabeceras llevan todo lo necesario hasta la barra de la cocina. Ahí encontrarán una bandeja para toda la cubertería, una cesta para los vasos y tazas y una cesta para platos y fuentes de comidas.

o Debajo de estas encontrarás tres recipientes debidamente señalizados con colores para el reciclado de la basura. Por cierto, las servilletas con restos de comidas no se depositarán en el recipiente de papel, sino en el de orgánicos. Acuérdate.

o En ese momento el equipo cocina habrá dejado sobre el mostrador una bayeta húmeda por cada mesa. Tú te lo llevarás hasta la mesa para dar comienzo a una parte muy importante dentro de la Pedagogía de la Mesa. Presta atención porque también es un trabajo con la interior de cada persona.

 

7. Limpiar la mesa.

o Cuando llegas a la mesa con la bayeta en la mesa te vas al final de la misma y se lo dejas a la persona, sí, la que está en el otro extremo de tu posición. Presta mucha atención al proceso porque el movimiento que se lleva a cabo de limpiar la mesa con el trapo se parece mucho a la forma que tienen los dientes de una hoja de sierra. Al final del recorrido todas las miajas que han sido arrastradas a lo largo de la mesa llegarán hasta ti, el responsable de la mesa. Te las llevarás junto al trapo húmedo hasta la barra de la cocina. Luego volverás a la mesa, perfectamente limpia.

o ¿Cómo se lleva a cabo esta parte? La persona que toma la bayeta en el otro extremo limpia su parte -solo su parte-. Los hay que por rapidez limpian la de la izquierda y la de la derecha. La cuestión es que solo uno está legitimado para limpiar su parte, su interior. En efecto, he dicho interior, porque con dedicación, con tanto esmero como sea posible cada chica y cada chico irán limpiando solo su parte como si de su alma se tratara, como si con ello fuese borrando los temores, dudas y miedos que alberga… El movimiento, parecido al de zigzag, avanza hasta ti desde el fondo de tu posición, arrastrando los pequeños residuos del anterior porque toda la mesa ha de quedar limpia. ¿Sabes? Nadie tiene que limpiar el hule que otros han usado. Tú te llevas la bayeta y los residuos en la mano. Los dejas en el mostrador de la cocina y en una bandeja respectivamente. Entonces cuando regresas, te sientas por unos segundos. Y aquí presta mucha atención: tranquilamente todos esperarán a que los mires de nuevo a los ojos con un suave y amoroso recorrido circular: “Por favor, ya podéis levantaros”.

o La mesa se levanta al completo y se marcha.