Simon Wijma es un hombre holandés que surgió de no se sabe dónde, una de esas sincronicidades que suelen ocurrir de manera mágica en un día inesperado de nuestros campamentos. Apenas hablaba español. Estaba sentado en un banco del Camino de Santiago cuando un grupo de chicos y chicas, nosotros, aparecimos para emprender una de nuestras rutas. Debo reconocer que los campamentos se enriquecieron con sus consejos. Ambos nos ayudamos mutuamente. Gracias a él pusimos en marcha la atención desde el corazón mientras caminas. Desapareció el ruido. Fueron dos días maravillosos en compañía de Simon. No te pierdas este bonito post que tiene en su blog.

Al final de este post se encuentra su traducción al español.

 

Finding a new old way

I am sitting on a bench, just off the Camino. Riego de Ambros in the mountainous area before Ponferrada. The bar I knew here is closed and I think about what to do. A car parks next to my bench. Two men step out of it. Right away there is a pleasant conversation.
Chema and Manuel are waiting for their group of kids, they will walk to Molaniseca, following an old footpath. I’m all ears. We talk about the Camino. Then the group arrives. Chema asks me to walk with them. But first I have to ask the group permission. Which they grant me.A half overgrown path leads us out of the village. The kids walk fast, they’re often out of sight. Chema stops now and then to share about his observations in nature. Soon I am learning that this group of 23, aged from 7 to 17, is on a path, meant to learn about yourself. Full of rituals, and attention for anyone in the group.

It is a beautiful remote valley, and suddenly I miss something. In an impulse I ask the children to be silent and listen. And then… we hear the water of a nearby creek. The wind in the trees. The birds singing abundantly. Chema takes over and lets them walk in silence.

In the quiet valley we approach an overhanging rock. Turn by turn we stand on it, look around over the green woods and shout our positive message into the deep. Coming from a deep sense of belonging here I don’t need to think about my words: ‘I am happy and this is what I want’.

Chema tells about the amazing history of this path. It has been used by Celts and Romans, and in the Middle Ages two bridges where built here for the pilgrimage to Santiago and trade. The bishop decided to change the pilgrim way towards where the present Camino is, when the area became to unsafe to travel. The path is steep and dangerous now and then. We don’t meet other walkers.

The path leads to the old church of Molaniseca. We swim in the cold river to cool down from the walk. I ask Chema if I can come along to their camp, in a village in the mountains. First he refuses, later the answer is: ja. So we drive out of town into the mountains. The beautiful old stone house where we stay is in Espinosa de Compludo.

The next day another amazing walk. Our destiny is the next village, San Cristóbal de Valdueza, where an old templar chapel is, and the tejo milenario, a yew of almost 1250 years old. We meditate under this impressive tree and embrace it together. I felt an ancient presence in these silent moments.

I tell Chema and Manuel about my work with young people in Holland for the Regenboog. Smiling recognition. Sense of destiny. The children come from all over Spain, and some from abroad. Most of them know each other from a previous camp. Some are with, some without problems or a history. But all, even from the age of 7, have no trouble telling about their feelings. It is amazing how easy they understand themes like ‘the inner child’, usually only shared by adults. They share rituals, learn their daily sayings, and it’s all well organized and disciplined. And they say where it’s at, if necessary. One of the assisting youngsters is sent home, he is not really ready for his task yet.

Deeply grateful I feel for these days filled with joy and love. So as a goodbye ritual I sing the Ave M. for the group. Marco (11): ‘Simon, you touched my heart.’

 

 

Encontrando un antiguo nuevo camino.

Estoy sentado en un banco, al lado del camino en el área de Riego de Ambrós, en las montañas frente a Ponferrada. El bar que conocía está cerrado y pienso qué hacer. Un coche aparca junto a mi banco. Dos hombres salen de él. De inmediato empieza una conversación agradable con ellos.

Chema y Manuel están esperando a su grupo de niños, caminarán hacia Molinaseca siguiendo un antiguo sendero. Entonces el grupo llega y Chema me pregunta si quiero caminar con ellos. Pero antes debo pedir permiso al grupo, el cual me conceden.
Un camino medio crecido nos guía fuera del pueblo. Los niños caminan rápido, suelen estar perdidos de vista. Chema para de vez en cuando y comparte sus observaciones de la naturaleza. Pronto aprendo que este grupo de 23 personas, de entre 7 y 17 años, están en un camino dedicado a aprender sobre sí mismos, lleno de rituales y atención hacia cualquiera en el grupo.

Es un precioso valle remoto y, de repente, echo de menos algo. En un impulso pido a los niños que guarden silencio y escuchen. Y entonces… oímos el agua de un arroyo cercano, el viento en los árboles, los pájaros cantando abundantemente. Chema toma el mando y los invita a caminar en silencio. En la tranquilidad del valle encontramos una roca sobresaliente. Por turnos nos colocamos sobre ella, miramos alrededor sobre el verde bosque y gritamos nuestro mensaje positivo hacia la profundidad de la montaña. Viniendo desde un profundo sentimiento de pertenecer a este lugar no necesito pensar mis palabras: “soy feliz y esto es lo que quiero”.

Chema cuenta la increíble historia de este camino. Era usado por los Celtas y Romanos, en la Edad Media se construyeron dos puentes para el peregrinaje hacia Santiago y para el comercio. El obispo decidió cambiar el camino de peregrinaje por el actual camino cuando la zona se volvió insegura para viajar. El camino es escarpado y peligroso en algunos tramos. No nos encontramos con otros caminantes durante el trayecto.

El camino lleva a la antigua iglesia de Molinaseca. Nos damos un baño en el frío río para descansar de la caminata. Pregunto a Chema si puedo acompañarlos a su campamento, situado en un pueblo en las montañas. Primero lo rechaza, pero más tarde la respuesta es sí. Así que nos vamos del pueblo hacia las montañas. La preciosa y antigua casa de piedra donde nos quedamos está en Espinoso de Compludo.
Al día siguiente hacemos otra impresionante caminata. Nuestro destino es el pueblo próximo a Espinoso, San Cristóbal de Valdueza, donde hay una antigua capilla y el tejo milenario, un tejo de casi 1250 años. Meditamos bajo este impresionante árbol y lo abrazamos juntos. Sentí una presencia anciana en esos momentos de silencio.

Le cuento a Chema y Manuel sobre mi trabajo con jóvenes en Holanda para el Regenboog. Reconocimiento sonriente, sensación de destino. Los niños vienen de toda España y algunos del extranjero. La mayoría se conocen de campamentos anteriores. Algunos vienen con o sin problemas pero todos, incluso los que tienen 7 años, no tienen problema al mostrar sus sentimientos. Es increíble cómo entienden temas como “el niño interior”, normalmente solo compartido por adultos. Comparten rituales, aprenden sus refranes diarios y todo está bien organizado y disciplinado y ellos dicen dónde está, si es necesario. Uno de los jóvenes es mandado a casa, no está preparado para su tarea todavía.
Me siento profundamente agradecido por estos días llenos de alegría y amor. Así que como ritual de despedida canto el Ave María para el grupo. Marco, de 11 años, expresa: “Simon, has tocado mi corazón”.